Nuestra Esperanza PDF Print E-mail
News - Argentina
Tuesday, 15 November 2011 06:11

 

por Marianela Scocco* / Imagen gentileza de Graciela Borda Osella

Esperanza Labrador, Madre de Plaza 25 de Mayo de Rosario, falleció esta madruga en una fría sala de hospital, tan a contramano de como vivió.

Nacida en Cuba, fue abandonada por su padre tras el fallecimiento de su madre. Sin embargo, una hermosa familia la adoptó y la llenó de amor. Cuando tenía siete años, su padre regresa a buscarla para llevársela a España.

Allí creció, se enamoró y formó una maravillosa familia, que huyendo de las penurias de la vieja Europa llegan a Argentina, donde nace su último hijo, Miguel Ángel.

Antes de la tragedia de todos, uno de sus hijos, Tomás, muere electrocutado en un accidente. En septiembre de 1976 desaparece su hijo menor, desde entonces Esperanza empezó a buscarlo. Dos meses después la patota de Feced asesina a su otro hijo, Palmiro; su nuera, Graciela Koatz; y a su marido, Víctor. Quedan solas su hija Manuela y Esperanza…

No dejó de buscar a Miguel Ángel ni un segundo, soportando arrebatos, intimidaciones y amenazas. Supo decirle alguna vez al mismísimo General Leopoldo Fortunato Galtieri, cuando era Comandante del II Cuerpo de Ejército antes de la fatídica guerra, que “si sus hijos eran Montoneros y todos los Montoneros eran como sus hijos, entonces: ¡Qué vivan los Montoneros!”.

No dejó de luchar por justicia para sus hijos y para los hijos de todas las Madres. Sin embargo, los jueces rosarinos se perdieron de escucharla, vaya uno a saber por qué…

Tuve la suerte de conocerla. Era de esas personas de las que todos hablan. Su acento español y su sonrisa pícara la daban un plus radiante a esa luchadora que fue. Huérfana dos veces, viuda de rebato y tres veces eso que no tiene nombre ¿cómo se llama a alguien que perdió tres hijos? La dictadura asesina le diezmó la familia, la obligó al exilio y la dejó sin nada. La democracia argentina la olvidó. La justicia de los tribunales no llegó a tiempo para que ella declarara. Pero habrá otra justicia, ella creía en eso, en algún lugar…

La extrañaremos, su alegría faltará en la plaza y en la próxima marcha. Pero sus pasos seguirán firmes. La veremos caminar cada vez que nosotros mismos no podamos más, porque ella no sólo nos enseñó el camino, además nos dará fuerzas para transitarlo.

La extrañaremos ¿quién sabe cuánto? La llevaremos como bandera y será nuestra luz, siempre, nuestra Esperanza.


 


*Marianela Scocco es historiadora. Responsable de la investigación del documental: ARDERÁ LA MEMORIA, sobre las Madres de la plaza 25 de Mayo de Rosario.