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Economía Nacional de Mercado y Humala PDF Imprimir E-mail
Columnas - Con Firma
Lunes, 04 de Abril de 2011 12:53
«[L]a ventaja [de Ollanta] actual significa ya un importante lanzamiento de la nueva izquierda democrática.» Juan Gargurevich
por José María Rodríguez Arias

No soy quien para repartir «carné de izquierdista» a nadie, por supuesto, y siempre me han desesperado los ortodoxos que se levantan contra todo el que no les copia gritando «disidente» o similares, pero, lo siento, sigo sin ver en Ollanta Humala un candidato de izquierdas. En Gana Perú (el partido que lanza a Humala a la presidencia) por supuesto que hay candidatos de izquierdas, cuya militancia en ese espectro de la política peruana está más que demostrada en el día a día, en el trabajo con bases, en partidos comunistas o socialistas, en sindicatos de clase, en fin, en todo ese entramado «fuera de duda» y, sobre todo, de esas historias de vida de dedicación en construir una alternativa de país (y mundo) de izquierdas. Pero no sé si un gobierno de Humala, con él presidente y con una cámara cuya mayoría será para los grupos de derecha, podría ser calificado de izquierdas.

Pero Humala ha repetido en muchas ocasiones que él ni es de izquierdas ni es de derechas (aunque tiende a atacar a la derecha gobernante y a los poderes de la oligarquía peruana, pero vaya, son quienes mandan en Perú desde casi siempre), que él es «nacionalista», como si eso significara realmente algo, o peor aun, como si la nacionalidad debiera importarnos un pimiento a los que somos de la clase trabajadora, que, no olvidemos, somos o debemos ser ante todo internacionalistas, debemos estar siempre con los trabajadores de todo el mundo sin fijarnos en las mentiras de los pasaportes, porque buscamos la alianza de una clase para acabar con las clases, no pactos transversales dentro de un mito como es la nación.

El discurso social de Ollanta Humala (que no es exactamente el mismo que el de su plan de gobierno) no parece de izquierdas, al menos no «progresista», cuando habla de la familia lo hace desde la «familia tradicional», esa familia nuclear cerrada a nuevas formas, que niega sin ir más lejos, el reconocimiento de otros cariños que deban ser jurídicamente protegibles distintos a la pareja heterosexual, y ese es solo un ejemplo. Las bases, realmente las bases, del pensamiento de Humala son, en materia social, bastante conservadoras, y eso no nos extraña un pelo. De paso, Ollanta Humala (y gran parte de sus más cercanos compañeros en el PNP) niegan a todos los peruanos el derecho de ir o no a votar, esto es, niegan la propia esencia del voto para mantenerlo como una obligación.

En el tema económico es donde más podría estar el debate, Humala está recogiendo los votos de quienes no están contentos con el sistema económico actual, critica el modelo neoliberal de forma directa, bien, en ese fondo coincidimos, pero no es una crítica que venga exclusivamente desde la izquierda. Humala ha centrado su discurso, evita hablar de estatizaciones (ojo con estas, no toda estatización es una socialización de los medios de producción ni mucho menos), pone especial hincapié en la iniciativa privada, según el público que le escucha las propuestas parecen una cosa u otra (eso sí, en la mejor campaña electoral de estos comicios), tal vez más cercano a ese inexistente «centro... El compañero Mejía explica bien el tema:
«La estrategia de Ollanta ha sido bastante clara. Conformar un frente muy amplio con un programa muy cercano a la izquierda, mientras la campaña y los mensajes al gran público son más bien de centro.
(...)
El crecimiento de Ollanta se puede explicar entonces, por dicho movimiento hacia el centro, más allá de su programa. Este desfase entre discurso y programa no es extraño en la política peruana, pero deja la obligada pregunta sobre que va a primar en un hipotético gobierno nacionalista. Como izquierda, es aún temprano para imaginar escenarios triunfalistas.
(...)
Ciertamente, la ciudadanía no esta viviendo un periodo de radicalización como algunos creen. El crecimiento de Ollanta es el resultado de una estrategia que ha buscado presentarlo como un moderado crítico al actual sistema. Sensible a los temas de la redistribución pero dispuesto a dar todas las garantías a los empresarios.»
En el Plan de Gobierno de Gana Perú la crítica es fuerte hacia el modelo neoliberal (que es simplemente «capitalismo», el adjetivo casi sobra) pero, en cambio, como respuesta a la explotación del hombre por el hombre el partido responde con: «Economía Nacional de Mercado». Así es, a fin de cuentas, otra forma de capitalismo. Al igual que muchos criticamos a los socialdemócratas por mantener la vigencia del modelo capitalista, ¿por qué no íbamos a criticar a los «nacionalistas» por lo mismo? Ese «capitalismo nacionalista» es básicamente (y simplificando horrores) favorecer la demanda interna para la creación de una industria fuerte y exportar, esto es, en otras palabras, cerrarnos pero querer que otros nos abran las puertas (esto ya le funciona a otros países, inventan la pólvora). El estado tendría un triple rol, fuerte como regulador, fuerte como «empresario» y fuerte como demandante de bienes y servicios, esto es, sería un Estado protagonista. Pero no un estado socialista ni rumbo a dicho final. Cuando dicen que es como Chávez, al menos Chávez habla de socialismo (raro y torcido por él, pero ahí lo tenemos).

Féliz Jiménez, jefe del equipo a cargo del Plan, candidato al congreso por Gana Perú con el número 9 y el que tiene más papeletas para ser Ministro de Economía en un primer gobierno de Humala, explicó bastante bien el plan de Gana Perú en el tema económico en una buena entrevista en La Primera, les recomiendo la lectura entera de la entrevista, y me tomo la libertad de extractar algunas partes (también les recomiendo esta otra entrevista en La Primera):
«Nos importa desarrollar una economía de mercado, competitiva, con un Estado regulador que fomente la competencia y no los cuasi monopolios u oligopolios. Esto es mirar al futuro; queremos una economía de mercado moderna y que sea capaz de crear iguales oportunidades para todos.
(...)
Nosotros estamos proponiendo desarrollar mercados internos con financiamiento competitivo, con infraestructura donde tendrá participación la inversión extranjera, y con inversión en ciencia y tecnología en alianzas estratégicas con los gremios empresariales productivos.
(...)
Es el sustrato económico del concepto de Nación o comunidad política territorializada. No hemos culminado la construcción de la Nación a pesar de tener cerca de dos siglos de vida republicana, porque hemos descuidado el desarrollo de mercados a lo largo y ancho del país. Por eso tenemos poblaciones rurales y nativas excluidas de la modernidad. No llevan en el bolsillo su conexión con la sociedad, y es probable que muchos de estos compatriotas no tengan ni bolsillos y menos zapatos. Si algo de bueno tiene el neoliberalismo en nuestro país es haber revelado la existencia y la fuerza de estos peruanos olvidados. Los ejemplos son Bagua y la generalización de los conflictos sociales por el agua limpia y el acceso a tierras que ha originado la industria extractiva.

Por eso, Ollanta Humala, que es para mí el político del nuevo Perú, del Perú del Bicentenario de nuestra independencia, ha reiterado recientemente su convencimiento de que nuestro país requiere “un cambio de verdad, priorizando el interés nacional y el bienestar de nuestro pueblo”, pero que será producto de un compromiso nacional "de los sectores productivos y las fuerzas generadoras de nuestra riqueza, que pasarán a contar con un gobierno comprometido con el desarrollo sustentable y que considera la disminución de la desigualdad un instrumento promotor del crecimiento. Es lo que denominamos, dice, una economía nacional de mercado, donde el Estado está al servicio del interés nacional y no de tal o cual grupo económico". Y esta es una economía abierta al mundo que permitirá cambiar la actual manera de crecer.

Significa pasar de un “crecimiento basado en los altos precios de las materias primas y sujeto exclusivamente a los vaivenes del mercado internacional”, a otro basado en la creación y expansión de los mercados internos y en la productividad, para generar competitividad tanto en el interior del país como en el mercado internacional. La riqueza generada en este tipo de economía beneficiará a todos y nos convertirá en una verdadera comunidad política territorializada e integrada social y políticamente. Los tres ejes de política (no los únicos) para desarrollar esta economía son infraestructura; financiamiento competitivo y, revolución educativa e inversión en ciencia y tecnología.

La economía nacional de mercado, es, por lo tanto, la eliminación de las restricciones que impiden la expansión de la inversión privada nacional y la eclosión de la capacidad privada empresarial peruana. No puede ser considerada un modelo estatista, ni una economía cerrada pues, además, proponemos un tipo de cambio estable y competitivo para nuestros exportadores no tradicionales, junto a un Estado regulador del mercado y promotor del desarrollo.»
Cuando muchos soñamos con el fin de la explotación no nos viene el modelo propuesto por Gana Perú como la Utopía ni de lejos, ni siquiera nos viene a la cabeza como un estadio intermedio antes de conseguir la Utopía. Ni siquiera sirve como primer paso. Ese plan, en gran medida, lo firmaría cualquier capitalista de corte desarrollista sin demasiados problemas. No nos propone una salida que permita a largo plazo (aunque sea muy largo plazo) la emancipación de la clase trabajadora, no, lo que nos cuenta es otra versión capitalista, donde debemos mirar el DNI del explotador para aceptar o no la explotación y soñar con la «igualdad de oportunidades», que es como decir «chorreo» pero algo mejor.

No hay que olvidar que Alan García en el 2006 también utilizó el descontento popular contra el modelo económico para ganarle a UN y poder quedar segundo en la primera vuelta (recuerden el «cambio responsable» que proponía contra el neoliberalismo de sus adversarios a su derecha, recuerden su postura contra los TLC por aquel entonces), luego usó el miedo contra Huamala presentándose como de centro para ganar al candidato de UPP/PNP, ahora de Gana Perú. El discurso de entonces de García no difería demasiado con el actual de Ollanta (no tanto con el plan, sino con el discurso), y sigue sin ser un discurso atrevido.

También hay que tener presente que si, asumiendo que sea voto de izquierdas ese veintimucho por ciento de que tiene Humala de intención de voto, lo que vemos es que más del 70% de los peruanos seguirán votando posturas de derecha o extrema derecha, ya sean autoritaristas o no, lo que en realidad deja un camino largo para quienes trabajan (y debemos trabajar) en la construcción de una clase trabajadora combativa y militante.

La izquierda que sí está presente
Me ha gustado, del texto antes enlazado del c. Mejía, el rol de la izquierda mencionado desde la mitad del texto ya parcialmente glosado, y me tomo la libertad de copiarlo:
«Y aquí es donde la izquierda tiene un rol importante. Se trata de politizar este tibio descontento. Se trata de explicar las limitaciones reales del modelo económico y lo inútil de las medidas paliativas. Es pues el momento de señalar las deficiencias, errores y vacíos del programa neoliberal. Las críticas al modelo, a los bajos salarios, a la desprotección social, al abuso de las empresas, a las privatizaciones fraudulentas, a las violaciones a los derechos humanos son temas que  deben aparecer más y más en el discurso electoral.

En una campaña electoral, el objetivo de la izquierda, o más precisamente de los comunistas, es lograr que los ciudadanos voten desde lo que se llamaba antes “una posición de clase”. Es decir, que los trabajadores decidan sus opciones pensando como “trabajadores” y no desde otra identidad.

Y todo esto es perfectamente factible. No es una tarea sencilla pero como ya hemos señalado, para los comunistas resulta estratégico avanzar en este línea. implica, en términos generales tres ejes de acción política.

Un primer eje consiste en identificar con claridad los intereses de clase de los trabajadores y alrededor de los mismos, construir una propuesta electoral. Como ya hemos señalado, los candidatos al parlamento de nuestra organización, debería de levantar estas banderas y hacerlas lo más radical posibles. A diferencia de la candidatura  presidencial, en la representación parlamentaria se requiere de un mensaje directo y claro, que nos diferencie de los demás candidatos.

Un segundo eje es presentarnos como lo que somos: comunistas. Hay una idea que va circulando por ciertos espacios, que señala que la imagen de los comunistas esta muy desprestigiada y que es mejor “disimular” es decir, atenuar nuestra identidad. Hasta el momento, eso no ha dado ningún resultado ni electoral ni político.

Por el contrario, el ya mayor candidato Javier Diez Canseco, ha perfilado una campaña modesta en recursos pero con reclamos muy concretos y radicales que le ha permitido recuperar un espacio que ya había perdido. Los candidatos del partido, deberían de aparecer como “comunistas” públicamente. Así, golpeamos los prejuicios de la prensa de derechas y educamos a la ciudadanía políticamente. Electoralmente no perdemos absolutamente nada.

Finalmente, el tercer eje es el apoyo crítico a la campaña de Ollanta. El viejo concepto de “apoyo crítico” significa precisamente dar sustento a las acciones que se desarrollen  desde una perspectiva popular, progresista y de izquierda. Aquellas  reivindicaciones que signifiquen mayor libertad y poder para los
sectores populares. Lo ocurrido con Cipriani debe ser rechazado por la izquierda, porque más allá de la lógica electoral, no podemos mirar a otro lado en el tema del estado laico y los derechos y libertades individuales.»
Aunque no coincido con el «apoyo crítico» (por razones que menciono en este artículo y otras muchas más), sí entiendo que muchos compañeros lo hagan, y veo que una de las listas con más personajes de la izquierda peruana es la de Gana Perú, pero también que son minoría y no están precisamente en los mejores puestos, que no tienen los mejores recursos (por eso el segundo de los ejes planteados me parece vital, los tres en realidad), aunque realmente estaría bien que llegasen unos cuantos comunistas y socialistas al Congreso, permítanme dudar de sus posibilidades, por el escaso apoyo al parlamento de GP en algunas de las circunscripciones donde se presentan el mayor número de comunistas, como Lima, donde encima existe un desfase gigante entre el voto a presidente y el voto al Congreso (¿a qué partido se van todos esos votos?). Y sí, con mi voto no podrán contar, sigo lamentando no poder marcar sus números porque entiendo que votarles es apoyar a Gana Perú en su conjunto, y no solo no estoy de acuerdo con buena parte del plan (ya sea económica o social) sino que muchos de los nombres con más posibilidades de salir elegidos no son precisamente candidatos que merezcan mi respeto.
Actualizado ( Sábado, 09 de Abril de 2011 12:00 )