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Segunda vuelta a la vista PDF Imprimir E-mail
Columnas - Con Firma
Martes, 19 de Abril de 2011 06:52
PerúPerú no es un caso atípico, no del todo, o no tan atípico con su «solo pasa en Perú» como nos gusta pensar

por José María Rodríguez Arias

No tenemos partidos políticos, o lo que es peor, o demasiado irónico si se prefiere, el único partido político grande (y con inscripción propia) es el fujimorismo, cuyo fundador y ex presidente del país (que está en la cárcel por burrada y media) es el principal autor de la desaparición de los partidos en el Perú. Este «movimiento sin siglas» (las cambia cada elección) tiene un núcleo duro de votantes que le han llevado (más unos extras u ocultos) a segunda vuelta en un cómodo segundo lugar y aspirando, tal vez con más posibilidades que el ganador de la primera vuelta, a la presidencia del Perú. ¿Y el PPC? Nada, disuelto por su propia mano. ¿Y el APRA? Cada vez más dependiente de Alan García, sin él obtuvieron un resultado bastante discreto, si bien es cierto que el APRA mantiene una «institucionalidad de partido», con militantes y simpatizantes, pero ya no alcanzan al 10% del electorado, es un partido chico.

Pero no somos el único país sin partidos. No somos el único país de caudillos. No somos el único país en que puede elegir a la hija de un «dictador». No somos el único país con una provincia que está en otra liga que el resto del país (hola Lima). Sí somos un país con harta fragmentación del voto (¿lo han visto? un sistema que premia las alianzas electorales ha acabado con cuatro alianzas superando el 15% de votos válidos, y una quinta formación rozando el 10%, en votos emitidos ningún candidato llegó al 30%), pero no somos los únicos así (solo hay que mirar la rota Bélgica para darnos cuenta que lo nuestro es de chiste comparando con la dispersión ahí existente, donde 12 partidos se reparten 150 escaños, no teniendo, ninguno, el 20% de la cámara y llevan casi un año sin formar nuevo gobierno, teniendo a Yves Leterme como Primer Ministro en plan interino).

Y es cierto, tenemos dos candidatos a segunda vuelta que se esfuerzan por acercarse a los candidatos que quedaron cuarto y tercero respectivamente, pero esto, nuevamente, es natural, natural porque tenemos una segunda vuelta y hay que atraer otros electorados distintos a los de la primera, natural porque tocará concertar tras las elecciones, en tanto que ningún partido tiene una clara mayoría en el Congreso, ¿y qué mejor que hacerlo desde ya para formar gobierno? No es extraño que los candidatos varíen discursos y posiciones para ganar la segunda vuelta, a los suyos ya los tienen medio convencidos, ahora bien, fuera de los dos candidatos ganadores, hay un 51,487% de votantes (sí, los que votaron a otros partidos más los que votaron nulo o blanco) a los cuales hay que convencer. Justamente ahí se juega la segunda vuelta. Y si se fijan en los países con sistemas parlamentaristas, verán cómo se cumplen mejor los programas de gobierno de los partidos bisagra que de los partidos gobernantes (al menos en los temas donde más enfrentamiento debería haber).

Ya no recuerdo a quién leí, sorprendido, diciendo que elegir a Fujimori era como si en España se eligiera a la hija de Franco. No sé hasta qué punto es una comparación desafortunada, no por la nula presencia política de la hija del dictador español, sino por el curioso olvido de que en España los hijos del Franquismo, los ministros del Franquismo, siguen presentándose a elecciones y hasta las ganan. No voy a hablar de todos esos hijos de cargos políticos franquistas que no comparten ideología con sus padres y se presentaron con otras formaciones, sino de esos partidos políticos fundados directamente por ministros franquistas, pertenecientes a tal o cual de las «familias» del franquismo, alguno de ellos, ya muy mayor, sigue siendo un político en activo (si dormir en el Senado es estar en activo). En Argentina, tras la dictadura, Bussi, que comandó el Operativo Independencia y gobernó la provincia de Tucumán bajo la brutal dictadura, salió electo gobernador de Tucumán. Ese caso es peor que elegir a la hija de un déspota, es elegir directamente al déspota. Y así mil ejemplos más (contando posiblemente el caso venezolano).

No nos equivoquemos, no somos una excepción. Tampoco lo somos en otros planos: Preferencia electoral por el autoritarismo (si quieren verlo de forma positiva, el 51,487% de los peruanos que votaron no lo hicieron por opciones claramente autoritarias, si quieren verlo de forma negativa, el 55,459% de los que votaron a partidos lo hicieron por una opción decididamente autoritaria; creo que ejemplos sobre regímenes autoritarios o personajes autoritarios con alta aceptación electoral sobran); voto sentimental alejado de una decisión sobre los programas de gobierno (aunque Meléndez habla de una demanda por Estado); desigualdad del país; distintas preferencias electorales marcadamente por zonas geográficas concretas; crecimiento económico con instituciones débiles; conflictividad social; etcétera. Olvidemos Perú como un «caso especial». Sí, todo país tiene sus particularidades, su idiosincrasia, su historia, su todo, pero no por ello es una excepción en una región o un planeta como el nuestro.

Izquierdas y derechas en Perú
No tenemos, en Perú, una derecha unificada, ni una izquierda fuerte. La Economía Nacional de Mercado propuesta por Ollanta Humala se aleja bastante de cualquier concepción socialista de la economía (me desespera ver cómo muchos identifican a Huamala con el comunismo, si fuera así yo ya tendría el voto claro), es cierto que propone más distribución de la riqueza, que propone cambios en el modelo económico, que habla de nacionalizaciones, pero vaya, Alan García, salvo las nacionalizaciones, también proponía todo eso en el 2006, ¡y más! Dentro de los candidatos con posibilidades a pasar a la segunda vuelta, cierto es, el único con apoyo de una izquierda institucional (aunque pequeña) era Ollanta Humala, pero no podemos alegrarnos por un triunfo de la izquierda basados en la persona de Humala, o en su programa, sea social o sea económico (por más que el mismo sea de «centro-izquierda», también es Humala quien insiste en no hablar del programa sino en otros compromisos). Querer cambiar la constitución no lo hace de izquierdas, evidentemente, la última que tenemos la cambió Fujimori tras patear el tablero.

Sobre la Derecha peruana podríamos decir muchas cosas, o las derechas, si prefieren, desde una extraña y fuertemente conservadora, con partidos de corte autoritario o de corte corrupto que se presentan como «sin ideología» hasta una derecha más liberal, en todos los sentidos de la palabra, desde lo económico hasta lo social, en otras palabras, tenemos por un lado una derecha representada por el PP (vista muchas veces como «centro derecha») hasta la derecha más «carca» y autoritaria representada por el fujimorismo de Keiko, pasando por la corrupta mano de Solidaridad Nacional y el plan demasiado de derechas en lo económico y demasiado conservador en lo social de la religiosa y ortodoxa apuesta de PPK (con Yehude Simon como guiño al centro-izquierda). A quienes ven un triunfo de la izquierda en Perú habría que recordarles que el 59,275% de los votos emitidos (67,517% de los votos válidos) fueron a esos 4 candidatos claramente de derechas, y que buena parte de los votos de Humala no son votos de izquierdistas. La suma del PP y la Alianza por el Gran Cambio supera al propio Gana Perú, y la suma de SN con AGC hubiese pasado a segunda vuelta (no olvidemos que SN otras veces se ha presentado con el PPC). Justamente el fuerte personalismo de la política peruana evitó alianzas más amplias en la derecha de este país.

Rumbo a segunda vuelta
El nuevo mapa político del Perú nos depara una segunda vuelta que se definirá por penales, gracias al gran trabajo de Francisco Javier Rodríguez Arias (o @fjsistemas) tenemos en De Igual a Igual un sistema interactivo para jugar con el «trasvase de votos» de unos candidatos a otros (o a votos blancos o nulos), y de los votos blancos y nulos de la primera vuelta a unos candidatos. Con todo lo dicho hasta ahora de las derechas peruanas, habría que agregar el pasado, las filias y fobias de cada una de las partes de esas derechas, para saber por quién se van a decantar. Eso y la capacidad real de endose que tengan los candidatos perdedores sobre la conciencia de sus simpatizantes (esto es en lo que más dudo, la verdad).

PPK lo tiene claro: Keiko Fujimori. Que a él no le toquen el sistema económico, el resto, si hay o no respeto de los derechos humanos, le da igual por lo visto. Ah sí, un papelito que firmó Keiko donde dice que no indultará a nadie, bueno, teniendo en cuenta que Keiko Fujimori no acepta el informe final de la CVR, que su formación atenta sistemáticamente contra las víctimas (las desconoce) y defiende a los victimatarios (los arropa), ahora jura y rejura por Dios (¿por Dios? ¡Ay Dios!) que no indultará a su padre, en los mítines de la campaña juraba y rejuraba que ella iría por delante para la libertad de su padre, y sigue insistiendo en que Alberto Fujimori no necesita ser indultado porque será absuelto (y ya conocemos cómo se maneja el fujimorismo con el Poder Judicial, yo me lo creo, si sale Fujimori, patada en el PJ y el ex presidente saldrá libre, no por un indulto, sino por una absolución).

Entre los ppkausas hay muchas personas que lucharon contra el fujimorismo, ahora temen al chavismo que ven en Humala, ¿qué podrá pesar más? ¿Realmente el PPC o Yehude Simon apoyarán decididamente a Fujimori con todo lo que eso significó para esas formaciones y para la democracia en Perú que ellos dicen defender? Tal vez apoyen a Fujimori tapándose la nariz, como apoyaron al APRA, a Alan García, en el 2006. Creo, eso sí, que es el trasvase de votos más claro, en favor de Keiko, pero no sé en qué porcentaje podría darse, y cuántos preferirán el voto nulo o blanco.

Más complejo me parece el tema con el PP, muchos de sus votantes lo hicieron convencidos de que el PP le podía ganar a Humala en segunda vuelta y que dejaría a Fujimori fuera de la carrera, lo hicieron viendo dos grandes males en esos contendientes, y ahora se dividen sobre «qué es peor», ¿malo conocido o malo por conocer? También fue un movimiento que luchó contra Fujimori decididamente, no contra su modelo económico (que lo agravó en cuanto estuvo en el poder) pero sí contra el institucional, en ese plano Humala y Fujimori representan similares problemas, pero Fujimori, por la gente que la rodea, da menos garantías de un Perú libre de corrupción y de autoritarismo, en cambio Humala, mal que bien, está acompañado de gente que sí se fajó por la democracia en el País, y tendrá una deuda con otros tantos que rechazan el autoritarismo.

Los puentes comienzan a tenderse entre el toledismo y el humalismo a la par que el toledismo se rompe internamente, ¿por qué esta vez que unos técnicos del PP ayuden a un candidato que ha pasado en segunda vuelta es tan mal visto cuando en el 2006 ocurrió lo mismo -en favor del APRA- y nadie piteó? Porque en la familia toledista cada cual baila con su pañuelo, si bien algunos ven en el humalismo los mismos problemas que en el fujimorismo (en el plano de derechos) ven más problemas en el tema económico, son más cercanos a determinadas ideas del fujimorismo (finalmente, continuaron su modelo económico sin tocar una coma), en otras palabras, temen más al líder de GP que al Fujimorismo, por otro lado, otro buen grupo de toledistas (entre los que creo que está buena parte de su electorado) tienen una mirada más crítica con ciertos temas económicos (ven que «falta algo» por hacer) y reconocen en Fujimori todos los males habidos y por haber en la política peruana, lo recuerdan en sus carnes y prefieren acercarse a GP y que sea GP quien ceda poder a favor de los postulados del PP a hacerlo con Fujimori (a sabiendas de que el fujimorismo tiene mucho peor historial en cuanto a pactos que otras formaciones, GP no deja de ser un frente amplio de partidos, mientras que Fuerza 2011 es Fujimori y nada más), con ello, su apuesta sería por un Ollanta Humala «reformado» que acepte a la derecha democrática como parte integrante de su gobierno (con el fujimorismo es imposible ver a la izquierda democrática o a la derecha liberal-social en el gobierno).

Dicen que los votos a Solidaridad Nacional son más clientelares, menos ideológicos, pero creo que la mayoría de sus votantes serían incapaces de acercarse a algo que huela a izquierda, aunque sea poquito, y ya los medios se encargan de magnificar la presencia de la izquierda en Gana Perú (tanto los que van en contra de ese partido como sus partidarios), sinceramente creo que pocos (menos de un cuarto) de los votantes de SN lo harán por GP, y, en cambio, un buen grupo se pasará a F11.

Con este panorama, y atribuyendo un buen número de votos en blanco y nulos extras para la segunda vuelta (¿rondando el 19%?), puede que veamos un verdadero empate, usando el mapa interactivo de trasvases de votos me da un ajustado triunfo de GP con el 50,01% de los votos válidos (y no, no estaba buscando ponerlo en 50-50), tal vez dentro de unos días las encuestas ya nos digan otra cosa, un voto mayoritario para uno u otro de los candidatos. Eso sí, según cómo lo he hecho, en Lima el 58% votaría por Fujimori (y solo siete departamentos, contando Lima, tendrían mayoría de F11, con poco más es con lo que ganó Alan García en el 2006). Para hacérnoslo mirar.

Creo que es Perú Posible y su capacidad o no de concentrar votos en uno de los candidatos de segunda vuelta quien que determinará si Ollanta Humala puede o no romper su bajo techo, y, por tanto, ganar la segunda vuelta. Si más del 60% de los toledistas votan por Ollanta Humala, el triunfo de este es casi seguro. Por tanto, será más determinante incluso que los vaivenes de PPK y los suyos (que veo más seguros en apostar por Fujimori que en pensárselo dos veces), y eso que el toledismo es la cuarta fuerza política del país en cuanto a intención presidencial -tercera en votos para el Congreso-). ¿Tiene esa capacidad Toledo? ¿Se romperá el partido antes que ocurra eso? Está por ver. Yo lo dudo.

Excurso: los partidos deberían plantearse por qué no consiguen traspasar sus votos no solo a otras formaciones, sino de la parte de la cédula de presidente a la parte del Congreso, el principal que debería pensar en esto es el propio Ollanta Humala seguido por PPK.
Actualizado ( Viernes, 22 de Abril de 2011 16:12 )