Banner
Prostitución: El tema de los anuncios de «contactos» es solo un parche PDF Imprimir E-mail
Columnas - Con Firma
Sábado, 17 de Julio de 2010 06:28
Au Salon de la rue des Moulins de Toulouse Lautrec

por José María Rodríguez Arias

La única propuesta del ejecutivo español aceptada (mejor o peor) en la cámara es la eliminación de los anuncios de prostitución en los diarios españoles. Es algo que el parlamento, tiempo atrás, solicitó al gobierno que hiciera (¿Por qué no lo prohibieron ellos directamente? Nadie quiere pelearse con las poderosas editoriales de la prensa). Los dos diarios de pago de más tirada en España, El Mundo y El País, tienen este tipo de anuncios (cientos además), uno de los diarios más conservadores, ABC, que mantiene una postura editorial de censura a la prostitución (que pide prohibirla), mantiene entre sus páginas los anuncios de «contactos» y «relax», y el periódico más conservador, La Razón, mantenía estos anuncios hasta un acuerdo para distribuir, junto con la cabecera azul, L'Osservatore Romano (el diario del Vaticano). El tema de la prostitución es difícil, de abordar y de regular, además de políticamente agotador, demasiados intereses, demasiado dinero, demasiada demagogia, y poco interés político; así que de cuando en cuando vemos cómo se abordan aristas de la cuestión, como son los anuncios en prensa.

Las editoriales de los diarios más repartidos se posicionan contrarios a la prohibición de estos anuncios, que según un informe del Congreso de los Diputados, supone unos 40 millones de euros anuales (lo que es un buen pico), mientras que desde los distintos grupos parlamentarios se considera que estos anuncios hacen un flaco favor a las mujeres, benefician a las mafias (al proxenetismo que sí está penalizado) y son, en palabras del representante del BNG, «proselitismo». En otras palabras, los periódicos se benefician económicamente de la prostitución fomentada por las mafias.

Esto último es cierto, pero no se acaba con las mafias prohibiendo, sencillamente, los anuncios (incluso en algún caso la policía ha identificado a mafias de trata de blancas gracias a una serie de anuncios que tenían todos el mismo número telefónico de contacto), podría ser un pequeño paso si se acompañara de otras medidas, pero estas brillan por su ausencia.

Los periódicos que defienden estos anuncios dicen, por un lado, que la prostitución no es ilegal, por tanto, no les pueden prohibir recoger anuncios de esta actividad, y por otro lado, defienden su libertad de expresión y de información. Por partes, la prostitución no es ilegal, pero sí el proxenetismo, que se interpreta de forma bastante amplia (por ello en algunos clubes de «alterne» se ha llegado a no pagar a sus prostitutas una comisión por copa, en tanto que se puede considerar proxenetismo y llevar a la ilegalidad la actividad del «club»), esto es, cualquier mujer u hombre puede vender su cuerpo, pero a nadie le pueden obligar o «facilitar» dicha venta.

La libertad de expresión no juega nada en el campo de los anuncios, la opinión está protegida, un anuncio nunca es una opinión, y la de información, pues tampoco mucho, la publicidad ni es un hecho veraz ni es un hecho noticiable, no está protegida por la libertad de información. De todas formas, una actividad puede ser perfectamente legal y regulada y tener serios límites para publicitarse, y bien lo saben en los periódicos, véase sectores como el alcohol o el tabaco y las normas sobre la publicidad de los mismos, así que tampoco tiene sentido que esos medios pidan que la situación sea declarada legal para impedir los anuncios. Y la autorregulación, señores, no ha funcionado, el gobierno lleva llamando a la misma un buen tiempo, y los anuncios no hacen más que aumentar.

Así que el argumento de los periódicos favorables a estos anuncios es hipócrita, máxime cuando desde sus editoriales piden la ilegalización de la prostitución (como hace ABC, como hacía La Razón), defienden el terreno de esos anuncios porque suponen no solo unos importantes ingresos publicitarios, sino porque ayudan al diario a cumplir otros dos objetivos: Vender más ejemplares y aumentar la distribución del periódico (las audiencias no se miden con ejemplares vendidos, sino lectores, aunque estos no hayan comprado el diario). Su postura no es principista, es económica, temen perder cuatro cuartos, y no les importa que las mujeres que aparecen en los anuncios sean esclavas sexuales.

Pero este es un mero parche, se mantiene la prostitución como una actividad sumergida, en un limbo jurídico, se prohíben determinadas externalidades y se persigue la trata de blancas, la esclavitud sexual, y ahora los anuncios en prensa, pero nada se hace con todas esas mujeres (básicamente, aunque también hay hombres) que viven de la llamada profesión más antigua del mundo, salvo castigarlas e invinsibilizar su existencia, el que desaparezcan los anuncios de la prensa no soluciona la situación de esas mujeres, pero sí las retira del escaparate público.

Es lo que se ha hecho en muchos municipios, que han prohibido la prostitución en las calles, y eso ha llevado a muchas mujeres a tener que venderse en locales (así han pasado de «independientes» a «dependientes») o, lo que es peor en muchos casos, a tener que irse de barrios centrales a periféricos, o a las carreteras (donde los accidentes pasan más a menudo), se vuelven pues, soluciones estéticas ante las de fondo que la cuestión necesita.

Históricamente la prostitución ha sido tratada de la forma más hipócrita posible, una sociedad moralista y cristiana hasta la médula veía en la prostitución un mal social necesario (ojo, necesario, tenía una función social), así se entiende que Felipe II de España, I de Portugal, «El Prudente», reglamentara la prostitución en el Siglo XVI. Con algún periodo de prohibición (como el de Felipe IV), no fue hasta la II República (y solo en Cataluña) donde esta reglamentación fue proscrita finalmente. Esta prostitución reglamentada se basaba y justificaba en tres pilares, control policial, control higiénico, y que el poder existente se favoreciera económicamente de la explotación sexual. Durante el franquismo, régimen de «moral cristiana», que hablaba de la Guerra Civil que ocasionaron como una «Guerra Santa», que separaba al hombre de la mujer en todos los aspectos, poniendo a la segunda al servicio del primero, la prostitución durante los primeros años (¡los más nacionalcatólicos!) fue permitida, incluso, la cantidad de hombres que acudían a prostitutas aumentó, en parte por la férrea represión sexual existente de forma pública, así, por un tema de higiene (decían) y policial, así en el 41 se creó el Patronato de Protección a la Mujer y se expidieron unas cartillas para las «profesionales del sexo», esto duró hasta el 56, donde el régimen prefirió perseguir a la prostituta (nunca al cliente), así pues, se encarcelaba a las mujeres que trabajaban en un sector legal durante al menos 15 años, eran, además, humilladas al rapárseles el pelo. Por supuesto, esto no eliminó la prostitución, ni la de los barrios bajos ni la de lujo.

Actualmente no es legal ni ilegal, pude ser, su práctica, ilegal en determinados espacios públicos (en determinadas ciudades, no en todas), o la realización de determinados negocios relacionados (trata de blancas, proxenitismo), que realmente son explotación sexual directa, pero queda un amplio marco de personas que están fuera de toda regulación, con lo cual nos encontramos con un colectivo especialmente sensible y perseguido, que además sufre un mal extra: la mayoría son inmigrantes indocumentadas. Eso hace que teman el doble ir a una comisaría, y el papel de la policía, en vez de ayudar, perjudica, y mucho, son maltratadas por las fuerzas del orden (las mismas que son protegidas por sus superiores y por las autoridades políticas, como ha pasado en Barcelona y la agresión por parte de un policía a unas prostitutas)... Están, pues, en la peor de las situaciones.

En De Igual a Igual hemos publicado más de una vez cartas y comunicaciones públicas de distintos colectivos feministas, desde socialdemócratas hasta libertarias autónomas, pasando por comunistas y otros grupos, que piden la abolición de la prostitución, de la esclavitud sexual, desde una perspectiva estricta estoy de acuerdo, se debe acabar con todas las formas de explotación sexual de las personas, de este ambiguo sistema actual, o de cualquiera que permita esquemas de dominación de una persona sobre otra y obligue a la prostitución, ahora bien, una vez sentada esta base, donde se pueden incluir (y depende de la encuesta o el estudio), a buena parte de las prostitutas (por lo menos, a 2/3 del total), sí existe la necesidad de legalizar y regular la prostitución, la puramente voluntaria (y para ello, debe ser voluntaria hasta desde el plano económico, no debe existir una «necesidad de trabajar vendiendo el cuerpo», como pasa en la mayoría de los casos), esto es, a la par que se debe prohibir y perseguir toda prostitución que suponga explotación sexual (y siempre que hay terceros y situaciones de necesidad existe de esta), se debe regular y visibilizar la otra prostitución, debe dejar de ser economía sumergida, la trabajadora del sexo debe pasar a ser una trabajadora más, cotizante, con derechos sociales y laborales.

Es un tema que no admite meros parches, como el presente, aunque no vengan mal, y no lo hacen porque retratan cómo entienden el mundo algunos periódicos y «opinadores», y porque rescata al debate público una situación que no solo mueve millonadas, sino que afecta negativamente a tantas personas, sobre todo a mujeres, que están siendo esclavizadas mientras los demás miramos a otro lado.
Actualizado ( Sábado, 17 de Julio de 2010 06:33 )